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Archivo para la Categoría "relatos"

Volver a verte

3 Noviembre 2009 Deja un comentario

Esperando el momento en el que pueda volver a verte, volver a sentarme a tu lado y cruzar la mirada de forma furtiva durante la clase, escondiendo la risa que brota incontrolada, rozando tus suaves manos sobre los apuntes… deseando que pasen los minutos para que llegue el descanso y poder bajar un rato a la calle, los dos juntos.

Esperando, aguardando el instante en que se abren las puertas del metro en tu parada y apareces por la puerta, melena negra al viento, con la carpeta bajo el brazo y amplia sonrisa dibujada en tu rostro. Ojos tímidos que rehuyen el primer contacto, brillantes, intensos…

Sin creer en el destino, el azar hizo que vinieras desde muy lejos para sentarte a mi lado una fría mañana de sábado, una fría mañana de octubre. Sin palabras me quedo al contemplarte cada mañana de sábado, cada mañana de estudio.

Fotografía de Dvortygirl.

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Su primera vez

9 Septiembre 2009 Deja un comentario

Aquel niño galopaba sobre la arena de la playa en dirección a la orilla del mar, mar que por primera vez divisaban sus pequeños ojos azules. La ansiedad y excitación por la emoción del momento minimizaban las consecuencias de un pequeño tropiezo que acabó con sus rodillas en la arena. Sin titubear un segundo se levantó y luciendo una amplia sonrisa reemprendió el trote en dirección a la orilla.

La expresión de la cara cambió a sorpresa cuando la espuma de las olas rompiendo en la orilla de la playa  mojaban sus piernas. Él se agachó e intentó atrapar las burbujas que en aquél momento le rodeaban. La risa estallaba en aquél instante mientras miraba sus dedos, esos dedos entre que se le escapaba su nuevo objeto de deseo.

Pero el hecho de no haber conseguido su objetivo no le desanimó, ya que en la siguiente ola aquel niño insistió con más fuerza en su empeño. Esta vez atrapó entre sus dedos un poco de arena que empezó a resbalarse entre sus dedos mientras él arqueaba sus cejas en señal de sorpresa y fascinación por aquél descubrimiento.

Levantó la mirada en busca de la atención de sus progenitores para mostrar la novedad que él mismo había encontrado, pero estaban algo alejados para mostrarles el hallazgo, así que intentó de nuevo recolectar sus pruebas hundiendo con más fuerza sus dedos en la arena bañada por el agua salada y rápidamente salió a la carrera en busca de sus padres.

Mientras corría alejándose de la orilla, la arena se escurría por sus antebrazos, quedándose sin pruebas a los pocos metros de emprender la marcha. Fueron varios los intentos de repetir la hazaña hasta que su padre se acercó hasta él para vigilarle más de cerca. Entusiasmado, aquél niño de ojos azules explicaba a su padre el detalle de su nuevo descubrimiento.

Fotografía de ibrotons

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Saudade

8 Julio 2009 Deja un comentario

Se acabaron los buenos tiempos, vuelven los nubarrones sobre su vida y de nuevo siente que se encuentra en caída libre. Cierra los ojos y vuelve a rememorar los abrazos que tanto disfrutaba cuando ella estaba ahí, cuando todo tenía otro color, cuando el futuro se planteaba en primera persona del plural.

Se descubre suspirando al legar a su casa, a una casa hoy vacía y desordenada. El silencio domina la estancia mientras él va dejando caer la ropa al suelo, de camino a la fría cama que en el pasado servía de terreno de juego. Hoy, instintivamente, sigue respetando el otro lado de la cama. Hoy se vuelve a despertar abrazado a la almohada.

Parecía que él había superado la sensación de abandono, pero día a día se daba cuenta de que sólo consiguió desviar la atención de la sensación de vacío que gobierna su vida.

Tristeza, añoranza, nostalgia… una mezcla de todo eso. Eu non podo atopar a palabra á saudade.

Fotografía de Dan!ta.

Un nuevo déjà-vu

23 Junio 2009 Deja un comentario

Nuevos tiempos para rememorar viejos momentos. Punto de retorno que abre nuevas perspectivas. Caminos que vuelven al principio… a la casilla de salida.

Ciclo constante y continuo, vueltas sobre el mismo eje… provocan cierto mareo, un nuevo déjà-vu, un regusto familiar de nuevos momentos ya vividos.

Cual escalera de caracol, siempre avanzando pero siempre sobre el mismo sitio… un poco más arriba que antes, pero realmente no cambian las vistas. Me resigno a seguir subiendo y a suspirar, a murmurar con la boca entreabierta: “Esto me suena”.

Fotografía de kool_skatkat.

Aquel primer amor de la infancia

24 Mayo 2009 Deja un comentario

De regreso a casa, se iban con Ana las mil dudas y esperanzas que adornaban ese momento. Hace unos minutos disfrutaba en compañía de sus amigos una tarde típica de verano, otra tarde similar a todas las anteriores, bajo los árboles que cubrían de los rayos de un sol abrasador que reinaba incansable sobre la llanura de un pequeño pueblo de Toledo.

Hasta hoy la vida discurría sin más preocupación ni objetivo que el encontrar un árbol más alto al que subirse para pasar el rato. Eso, y el esperar con impaciencia que su primo Ernesto apareciera con el coche para que la llevara al pueblo de al lado, para disfrutar de una tarde en la piscina municipal.

Hoy era una tarde como casi todas las demás. Ana y sus nueve años regresaban a casa con la extraña sensación de haber experimentado algo diferente. Esta tarde la risa de Alberto no sonaba igual que siempre. Tampoco era la misma sensación cuando él le tendió la mano para ayudarla a escalar por la rama de esa encina tan grande a la que tanto cuesta subirse. Para ella, hoy Alberto era diferente, pero no porque él hubiera cambiado.

Esa noche Ana no podía dormir. Cada vez que pensaba que mañana al mediodía Alberto llamaría a su puerta, como todos los días, para ir a la fuente de la plaza… le subían unas mariposas en el estómago y se revolvía inquieta en la cama. No quería darse cuenta de que lo que estaba sintiendo era lo que aparecía en las películas de princesitas que encuentran a su caballero que les rescata del castillo.

Al día siguiente volvió a sonar el timbre de la puerta, y detrás estaba Alberto, como cada día, esperando a acompañarla a la plaza donde todos sus amigos se juntaban para jugar con el agua de la fuente, y decidir dónde van a ir esa tarde. Siempre venía él solo a llamar a la puerta, vivía un par de calles más arriba y la casa de Ana le pillaba de camino a la plaza. Además, era mucho más divertido el camino cuando iban juntos, mientras se tiraban entre sí las pequeñas espigas de las hierbas que salían en las grietas de la acera.

Pero hoy se había quedado petrificada y apenas respondía a las provocaciones de Alberto al intentar enredar en el pelo las pequeñas hierbas que iba recolectando por el camino. Sólo respondió con una sonrisa y un par de monosílabos durante todo el trayecto.

Hoy ninguno de sus amigos se dio cuenta de que estaba más callada de lo normal. El calor les animaba a luchar con más ganas para conseguir coronar la fuente y mojar a todos aquellos que intentaran acercarse. Poco importaba que Ana se hubiera quedado sentada en el banco, con la sensación de estar flotando en una nube. No quería contárselo a nadie… pensaba que todos se iban a reir de ella, y lo que quería es que todo volviera a ser como antes.

Todos sus intentos fueron infructuosos. Cada vez que se acercaba a él, se quedaba petrificada, y sea cual fuere el juego que tuvieran entre manos, ella acababa dejando que Alberto consiguiera su objetivo. Él, desconociendo los sentimientos que vibraban en el interior de Ana, se jactaba de su suerte y celebraba por todo lo alto su victoria. Ficticio triunfo que despertaba sensaciones contadictorias en aquel frágil corazón.

Lágrimas de impotencia mojaron esa noche la almohada de Ana.

Al día siguiente Ana se levanta algo rezagada. Entra en la cocina para desayunar y como todos los días, se apoya en la ventana mientras acaba el vaso de leche. De repente  ve por la ventana como Alberto pasa fugazmente frente a su casa, montado en el coche de su padre. Un escalofrío recorre su espalda al girarse y descubrir que el calendario de Agosto tiene todos los días tachados… todos menos uno. Treinta y uno de agosto, último día de aquel verano en aquel pequeño pueblo de Toledo.

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Pequeños…

8 Mayo 2009 Deja un comentario

Pequeños, minúsculos, un reducido conjunto de millones de células agrupadas en un cuerpo… situado en un punto insignificante del universo. Eso somos todos y cada uno de nosotros.

Pasajeros de un planeta en en constante movimiento, de viaje por esta parte del espacio que parece conocido, pero del que todo desconocemos. No sabemos con seguridad cómo empezó este trayecto, ni cuándo se acabará. Compartimos una ínfima fracción de tiempo. Probablemente la próxima estrella que mires en el cielo  emitió la luz que ves ahora hace muchos años… puede que mucho antes de que existieras.

¿Qué somos nosotros? Pequeños, todos somos pequeños…

Imagen del cielo desde el lago Salda (Turquía).

escuchando Najwa – Feel the Beat

Recuerdos de un flechazo

22 Abril 2009 Deja un comentario

La vista se pierde en el horizonte al levantar la mirada de aquella nota que guardaba cual tesoro en la cartera. El número de teléfono que estaba apuntado en aquel papel descolorido y arrugado por el paso del tiempo apenas se podía leer con claridad. Tampoco importaba,  ese era uno de esos pocos números que su memoria había conseguido retener. Aún así, él conservaba aquel trozo de papel que ella le tendió hace ya varios años. Es como un ritual, evocando aquel instante en que sus manos se rozaron por primera vez. Una mirada intensa y brillante que se clavaba en sus ojos y provocaba que su corazón diera un vuelco.

Cerro sus ojos, abrió la mano que sostenía aquél recuerdo y lo dejó caer. Se giró y amargamente emprendió la marcha. Fue la decisión más dolorosa que tuvo que tomar.

Fotografía de thomas.merton.

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Vienes en silencio, cual noche de invierno…

29 Marzo 2009 Deja un comentario

Vienes en silencio, cual noche de invierno… fría, oscura, callada. La vida ha vuelto a cruzar nuestros caminos y el encuentro sólo ha reabierto viejas heridas que nunca llegaron a cicatrizar. Las palabras dejaron de tener sentido, ninguno de los dos escuchábamos la lista de reproches enfundados en una conversación superficial. No lo entiendo, no entiendo la necesidad de este momento, no comprendo la razón por la que esta agonía  se está prolongando artificialmente.

Asumí hace días que todo se acabó. Escalé el muro de sentimientos que ensombrecía mi camino, escalé ese muro para reorientar mi rumbo. Ese rumbo me aleja definitivamente de ti y hoy no quiero plantearme otra posibilidad.

Fotografía de Lidi_a.

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La tortura del silencio

18 Marzo 2009 Deja un comentario

El silencio me tortura día a día tras la insoportable pared que rebota mis palabras cual eco en el vacío. Siento frío, frío húmedo que me envuelve y me nubla la vista, niebla que me impide ver cómo te alejas poco a poco de aquí. Siento entre los dedos los lazos que se van escurriendo, aunque apriete el puño para evitar que se escape, estos se disuelven como  cenizas de un papel.

Me descubro revisando inconscientemente el buzón vacío de noticias, cuando sé que estas no van a llegar, sabiendo que no hay vuelta atrás, que no hay forma de resucitar el nexo que compartíamos. No hay más.

Aunque era consciente que todo estaba deteriorándose, que el rumbo era equivocado, que no parecía que las cosas fueran a funcionar, pero estaba dispuesto a seguir luchando… a seguir intentándolo. Probablemente mi intento de darle un giro al timón fue algo atrevido y sólo conseguí que todo acabara por desplomarse como un castillo de naipes al darle un golpe en la base. Todo por los suelos, y me he quedado solo recogiendo las piezas.

Hoy no tengo ganas de recomponer el momento, ni de buscar qué fue lo que pasó. Sólo acepto resignado que todo terminó, y cuando tenga fuerzas, retiraré la flor marchita que esperaba una oportunidad.

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El trayecto

10 Marzo 2009 Deja un comentario

Salgo de casa revisando los bolsillos, comprobando que todo está en orden, que no me falta nada. Rutina obsesiva que se cumple metódicamente cada vez que atravieso la puerta.

Mis pasos se hunden en los pequeños charcos que dejó la lluvia en las perfectas imperfecciones del camino. Pasos inseguros llenos de ilusión que me acercan a tu encuentro. El sol deja entrever sus rayos tras las nubes que acaban de mojar el suelo, aclarando el gris  tenue que reflejan las calles de la ciudad. El edificio de oficinas me devuelve el reflejo de mi imagen, imagen temblorosa, agitada por la ansiedad de llegar al final del camino y acabar con la espera.

Flota, sube, se pierde mi mirada en el cielo mientras miles de pensamientos se agolpan en mi mente, voces atropelladas martillean mi consciencia mientras mi boca inmóvil reprime las palabras y evita que salgan al exterior. El camino se convierte en un mero trámite automático mientras mis sentidos se centran en la imaginación desatada. Los segundos pierden su medida en la dimensión del tiempo mientras me desplazo por la inercia inconsciente, pero mi mente rebosa de ensoñaciones que planifican el encuentro al que me dirijo.

Llego al punto  acordado, un poco antes de la hora fijada, como de costumbre… como de costumbre tú no estás allí esperándome. El tiempo recobra su medida y ahora los segundos pasan lentamente.

Apareces entre la gente y la actitud gélida se impone en escena.

La ensoñación previa, construida durante el trayecto a la cita, empieza a perder fuerza y se diluye  en el agua que queda entre los adoquines bañados por la lluvia.

Fotografía: click_s.

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