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A veces las cosas no salen tal y como las planeas.

A veces las cosas no salen tal y como las planeas. Esto no siempre significa que tenga que ser negativo… pero a veces, por mucho espíritu positivo que le apliques, no hay quien le encuentre por dónde cogerlo.

Este fin de semana se veía todo con muy buenos ojos. Una visita al mar parecía que iba a acabar con una larga temporada sin desconectar de la rutina. Conseguí organizarme un poco (algo que últimamente me cuesta demasiado) cogí los bártulos y me escapé a Gandía. Todo pintaba genial, un día tranquilo, no demasiada gente en la playa, una temperatura muy agradable, la cámara de fotos esperando en el maletero del coche esperando a que finalizase el ritual de bienvenida.

Tras la comida el cielo se tornó gris plomizo y empezaron a caer gotas de lluvia. La gente huía de la playa, adentrándose poco a poco en el bosque de cemento, perdiéndose entre las calles que finalizan en el paseo marítimo. Algunas fotografías pude realizar, pero nada parecido a lo que pretendía capturar. Empapado, sin nada con lo que abrigarme, y un poco frustrado por el cambio, retomé el viaje de vuelta a la gran ciudad.

Durante el camino, en la parada obligatoria a repostar me percaté de que una de las ruedas del coche tenía un bulto apreciable en un lateral. Al principio no le di demasiada importancia, pero a los pocos kilómetros de reanudar el camino cambié de opinión y paré en un área de descanso a cambiar la rueda.

Acabé con las manos negras, tiznadas por la suciedad acumulada en las ruedas por centenares de kilómetros rodando sin un buen lavado. El lavabo habilitado en la zona estaba estropeado, sin posibilidad de lavarme las manos.
– “¡Mmhh! Un campo de trigo verde aquí en frente… al menos podré limpiarme un poco”.

Cuando me dispongo a saltar un pequeño desnivel, caigo con los dos pies sobre lo que parecía tierra seca, pero que guardaba una sorpresa. Acabé hasta un poco más arriba de los tobillos enterrado en barro.

Hice lo que pude por salir de allí, quitarme toda la porquería que llevaba encima y cruzar los dedos por que no me pasara nada más.

Todavía no he descargado las fotografías de la cámara, pero ya os mostraré las imágenes de Gandía… lloviendo.

A todo hay que buscarle un punto positivo, ¿no?. Quizá esta sea el regreso de la inspiración y pueda reencontrarme de nuevo. ¿Quién sabe?

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