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Una de esas casualidades…

Hay veces que la vida te da sorpresas, te trae al presente algunas vivencias que habían quedado en el pasado y que por una de esas casualidades de la vida, acabas asociando recuerdos. Es tan tonto como una simple llamada de teléfono, que me ha dejado un poco descolocado, pero con una sonrisa en la boca.

Haciendo cálculos, creo que hace más de 12 años que empecé a trabajar, compaginando mis estudios en la universidad con clases de informática particulares y para grupos. Entre todas las personas a las que he dado clase (que no han sido pocas) siempre me he acordado de un caso que era algo distinto a los demás… Llamémosle Roberto, Don Roberto, que recibía clase en su despacho inmenso mientras estaba envuelto en su quehacer de su oficina. Ahí estaba yo, todos los martes, puntual, para conseguir enseñar a Don Roberto algún concepto práctico que le facilitara el trabajo que desarrollaba. No fue fácil conseguir acercarle a la tecnología, pero poco a poco, metódico y constante, creo que consiguió entender bastantes cosas que hasta unos meses antes lo veía como algo imposible.

Fue una experiencia positiva, porque aunque me supuso un gran esfuerzo y grandes dosis de paciencia, aprendí muchos valores y muchas cosas de las que hoy me siento orgulloso.

Pasó el tiempo, llegó la temporada de vacaciones, la empresa con la que yo trabajaba me asignó a otro sitio y todo quedó ahí. A los pocos años le vi en la televisión un par de veces. Como poco es curioso, porque por su trabajo no es muy habitual que salga en la pequeña pantalla, y me pareció anecdótico que en ambos casos me hubiera dado cuenta que era él.

Hará poco más de un mes que me dirigía a la misma boca de Metro que utilizaba por aquel entonces, acompañado de un compañero de trabajo que vive por ahí, y no sé porqué me vino a la cabeza aquellos momentos en los que trabajaba con él… y le comenté las curiosidades de aquella época.

El jueves pasado lo volví a recordar, con una conversación relacionada sobre el trabajo que Don Roberto desarrolla… el sábado, sin darme cuenta, pasé en frente de la puerta donde tiene el despacho… y no es un lugar que habitualmente recorra.

Pues acabo de recibir una llamada, de alguien al que Don Roberto le ha recomendado que me llamara para que yo le diera unas cuantas nociones técnicas, para que le ayudara a despejar el montón de dudas que tiene con el manejo de un ordenador… Don Roberto se ha acordado de aquellas tardes que luchábamos contra la máquina para conseguir lo que él necesitaba. Después de todos estos años se acuerda de mí… sin él saber que le recuerdo perfectamente.

Alguna conclusión saco:

  • que este mundo es muy pequeño y te acabas encontrando con gente que parecía que habías perdido la pista.
  • que por muy duro que pareciera entonces, con perspectiva suficiente acabas aprendiendo las lecciones que te va dando la experiencia.
  • y que me siento muy alagado que después de tanto tiempo Don Roberto se haya acordado de mí… era algo que sinceramente no esperaba.

Curioso…

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