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Un paseo por Segovia

Haciendo un poco de memoria, yo creo que hace más de cinco años que paseaba con unos compañeros de trabajo por las calles de Segovia, una noche de lunes, mientras buscábamos un local abierto en el que poder charlar un poco y tomas unas cervezas. No me caracterizo por tener una memoria excelente, pero reconocí a la primera el bar de copas en el que nos metimos y pasamos un buen rato. Recuerdo la cara de sorpresa y felicidad del dueño, que veía cómo se llenaba su local en una noche poco habitual por aquella afluencia.

Hace unos días, en una de mis recientes escapadas fotográficas, acabé en la puerta de aquel mismo local… en esta ocasión se encontraba cerrado (normal, tampoco creo que sea muy habitual que estuviera abierto por la mañana). El caso es que me vino al recuerdo imágenes de aquel instante, enterrados entre miles de momentos del cajón del olvido. Muchas risas, muchas ganas de escapar de la monotonía de la oficina y qué mejor momento para compartir y conocer un poco mejor a aquellos compañeros con los que tantas horas hemos compartido laboralmente.

Hoy, cada uno de los que nos sentábamos alrededor de aquella mesa, hemos tomado caminos diferentes… intentando alcanzar, o al menos intentar, una meta profesional acorde a nuestras necesidades y aspiraciones. Al final el tiempo ha terminado alejándonos, y poco contacto mantengo con aquellos compañeros con los que compartí aquellos días de formación.

Volviendo al presente, en mi paseo fotográfico por Segovia encontré una ciudad muy volcada al turismo, como siempre la recuerdo. Centenares de turistas siguiendo la senda marcada en los folletos repartidos en el centro de información para llegar desde el acueducto hasta el alcázar pasando por la catedral.

Y no les culpo, al contrario, es una ruta con muchos rincones muy interesantes, una arquitectura característica y todo muy preparado. Quizá sea esto último, que todo acaba siendo algo artificial, demasiado coreografiado… por lo que acabo escabullénome de la multitud y me intento perder por las calles más escondidas, menos turísticas. Al fin y al cabo, intento encontrar ese otro Segovia más natural, del día a día… eso que se escapa del turismo hiper-organizado.

Un botellín (sin alcohol, que luego hay que conducir) en una tasca que encontré en una de las callejuelas perdidas de la ciudad. Un pequeño tentempié para seguir recorriendo los pequeños rincones con encanto que tiene la ciudad.

Fuera del bullicio turístico, Segovia es una ciudad tranquila, bastante silenciosa… al menos a las horas a las que la visité. Una pequeña escapada que con el tiempo se repetirá, tanto por su belleza como por su gastronomía. El aroma por sus calles a la hora de comer no es apto para vegetarianos no convencidos… acabarás cayendo.

  1. 31 agosto 2010 a las 15:10

    Acabas de hacer que vuelva a enamorarme de Segovia. Un sentimiento que creía haber perdido después de un año viviendo allí. Gracias de verdad por descolocarme de nuevo.

  2. 31 agosto 2010 a las 21:53

    Gracias a ti por comentar. Me alegro mucho que mi paseo por Segovia te haya traído tantos recuerdos. Las visitas siempre dejan un buen sabor de boca, y no sólo por lo bien que se come allí.

    Un saludo!

  1. 31 agosto 2010 a las 13:38

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